UNA EXTRATERRESTRE EN LA COCINA

Cachopo ‘fever’

Un cachopo canónico.

Hace aproximadamente un año, unos amigos me llevaron a un bar del polígono de Son Castelló a almorzar. No me quejé. Sé que las inhóspitas avenidas de los polígonos españoles esconden perlas gastronómicas que no figuran en las guías. El restaurante en cuestión resultó ser propiedad de un asturiano experto en marketing:

—Señores, de primero les voy a servir unas fabes con almejas como no han comido otras. De segundo, un cachopo que les hará ver a la Virgen de Covadonga.

Mis amigos comenzaron a hacer aspavientos:

—¡Cachopo! ¡Qué suerte!

—¡Uau! Espero que aquí lo cocinen con Cabrales.

—A mí me gusta más con jamón serrano que con cecina.

—¡Por favoooor! No seas cateto, lo suyo es con cecina.

descuento-restaurantes-losgastronautas-ventajonYo asentía suavemente con la cabeza mientras trataba de desentrañar qué diablos sería eso del cachopo, ¿sería una especie de corzo pequeño? ¿o quizás una cría de pato? Finalmente, me resigné a quedar como la analfabeta gastronómica que soy y pregunté.

—Pero el cachopo, exactamente, ¿qué es?

Mis amigos se quitaron la palabra los unos a los otros para ponderar las virtudes de la délicatesse que estaba a punto de probar por primera vez.

—Por lo que me contáis, es lo que se conoce como San Jacobo, ¿no?

Nuevas exclamaciones y protestas ¡El cachopo no era un vulgar escalope! ¡Era ambrosía! ¡Zeus lo servía en el Olimpo para agasajar a su panteón!

Ese día conocí íntimamente al cachopo, lo entretuve en mi boca, lo fagocité. Mentiría si dijera que no me gustó, pero bueno, tampoco se juntó el cielo con la tierra, no vi rayos ‘C’ brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser.

Ya lo dijo Ferran Adrià hace un par de años en una entrevista concedida a La Voz de Asturias: “El cachopo no deja de ser una croqueta”. Parece ser que en el principado, patria chica del plato de moda, se lió parda. “Espero que estas declaraciones ya estén en manos de la Fiscalía”, afirmó un internauta; “Tú sí que eres una croqueta, insensato”, le respondió otro. Dicen que hasta Don Pelayo se removió en su túmulo de la Santa Cueva.

En los últimos años han proliferado los concursos nacionales que premian al mejor cachopo, se ha creado La Guía del Cachopo en la red, cientos de moteros han formado Los Cachopers, que ruedan a la búsqueda de los más exquisitos ejemplares. Este sencillo plato se ha convertido en emblema de la cocina hipster y se ha consolidado como la receta más buscada en Internet.

Sabina Pons masajea la ternera con vino.La preparación del rebozado.Sabina Pons perpetra el cachopo.El cachopo de Sabina Pons.

Mi jefe, Gastromanso, un ser acomodaticio que se suma a las tendencias, no pudo permanecer impasible ante esta ola mainstream:

—Sabina, me vas a preparar un cachopo bien crujiente y jugoso.

—Hombre, no me parece un plato respetuoso con la Semana Santa.

—¿A que te encargo un potaje de vigilia?

—Bueno, el cachopo está bien.

He de admitir que la preparación y posterior resolución del plato han obrado milagros en mi seguridad como anfitriona. Siento que, ahora, puedo invitar a cuatro amigos a casa y cocinar para ellos. El cachopo es adorablemente fácil de preparar y agradable al paladar, si militas en las filas de los adoradores del rebozado.

A mí no me mata. Además, he de admitir que el rebozado de mi cachopo -que alcanzó el grosor de Guerra y Paz (en el original ruso)-, hizo las veces de aislante y coció los filetes y el queso, pero no los frió. Aun así, con infinita delicadeza, fui despojando el tierno corazón de su caparazón de pan rallado y me zampé el relleno. Como los niños.

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