UNA EXTRATERRESTRE EN LA COCINA

Con la ‘k’ de kimchi y de kombucha

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Elige un alimento, el que quieras, preferiblemente si se cultiva o se elabora en un lugar remoto. Elige un alimento y ten la seguridad de que, si les conviene, los fooders lo convertirán en tendencia. Escogerán al azar tres características que han leído en Wikipedia, lo subirán a Instagram pasado por el filtro Amaro y te harán creer que su consumo te arreglará la digestión, la salud, la vida.

Nuestra fe es inquebrantable. Los seres humanos necesitamos confiar en que algo, lo que sea, aparecerá en nuestra existencia y nos salvará. Como yo lo veo, los llamados súperalimentos no son más que una versión gastronómica del elixir de la eterna juventud, cuya búsqueda ha sido incansable desde que el mundo es mundo. Pero ¡ay! no existen evidencias de que exista.

En 2019 se va a hablar mucho de dos alimentos que empiezan por la siempre exótica letra k: el kimchi y el kombucha. Proceden de Corea y de China, países que están muy por debajo de España en esperanza de vida. Incluyo este dato porque la información que aportan los expertos en tendencias acerca de ambos alimentos se refiere, sobre todo, a sus incalculables (dicen ellos) beneficios para la salud. Que un alimento esté bueno, sea sabroso o te proporcione un subidón de placer ya no es un criterio que se maneje con frecuencia. Desde hace unos años, lo primordial es que sea saludable, beneficioso y coherente con un estilo de vida que gira en torno al cuidado escrupuloso del cuerpo.

El kimchi es el plato nacional coreano y ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, como la dieta mediterránea o la pizza, sin ir más lejos. Es una preparación fermentada a base de vegetales sazonados con especias, algo así como el chucrut pero con un toque picante. Yo lo compré en un mercado gourmet y lo probé en casa. No sé, no me cambió la vida. Es col con sabor a vinagre que flota en una aceitosa salsa de color rojo. Mi marido dijo que no estaba mal y mi hijo huyó a su habitación cuando le supliqué que abriera su mente y sus papilas gustativas a la gloria de la gastronomía coreana.

Sabor a Redoxón

El kombucha, por su parte, es una bebida que se elabora a partir del té. Tras unos días de fermentación con una colonia de hongos y bacterias, la bebida comienza a adquirir acidez y efervescencia, lo que le da un toque refrescante bastante atractivo.  El márketing que rodea al kombucha afirma que es “una bebida legendaria que era considerada por los emperadores chinos el elixir de la vida”. No sé yo si los emperadores chinos disponía de laboratorios de análisis y estudios epidemiológicos de primer nivel.

Pero el kombucha está de moda y hay que beberlo, igual que en 2018 nos aficionamos al cúrcuma latte. Yo he probado el kombucha con sabor a frambuesa y se deja beber. Sabe a las vitaminas Redoxón que me disolvía mi abuela en un vaso de agua para que no me quedara escuálida.

Ahora bien, el Kombucha “es natural”, como no dejan de repetir machaconamente los influencers, como si todo lo natural fuera bueno, como si todo lo natural fuera seguro. Nada hay más natural que una Amanita muscaria y nadie la sirve en ensalada.

El kombucha es refrescante y llega rodeado de un aura bio. Pero seamos claros, si uno lo que quiere es una bebida biológica, natural y respetuosa con el medio ambiente, nada mejor que el agua clara.

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