UNA EXTRATERRESTRE EN LA COCINA

El reto de los buñuelos tunantes (y extemporáneos)

Buñuelos de viento
Desde el equipo de Los Gastronautas, pedimos disculpas a nuestra colega Sabina Pons por un encargo tan extemporáneo. Los buñuelos de viento son un dulce típico mallorquín del mes de octubre, cuando se celebra la festividad de las Vírgenes. Están buenísimos pero exigen freírlos con abundante aceite y, claro, con este calor….

descuento-restaurantes-losgastronautas-ventajonEl imperio romano se acercaba a su fin cuando la bella Úrsula y otras doncellas partieron en peregrinación de Bretaña a Roma para ser recibidas por el Papa. Su viaje de vuelta fue interrumpido en mi ciudad natal, Colonia, por unos bárbaros airados que las martirizaron. Debían de ser once, pero una traducción defectuosa las convirtió en once mil, las once mil vírgenes de Colonia. La víspera del día de Santa Úrsula (21 de octubre) se celebra en Mallorca una velada tradicional en la que los chicos van a cantar serenatas a las muchachas y estas les invitan a pasar a casa y les reciben con buñuelos y vino dulce.

La adolescencia, sin embargo, con el pesado fardo de timidez e inseguridad que acarrea, impide a los muchachos vociferar una canción popular bajo el balcón de la enamorada. Así que, por regla general, la ceremonia se simplifica regalándole un clavel y dando buena cuenta de los dulces. Dado que era casi una niña cuando cayó en mis manos La casa de la Troya, yo imaginaba que mis serenatas en la noche de las Vírgenes serían interpretadas por un coro de rapaces de buena familia, estudiantes todos de medicina en Santiago de Compostela, que con sus guitarrones me cantarían:

Tras los cristales
de ese balcón,
niña hechicera, 
se oculta el sol… 

La urbanización en la que vivía quedaba lejos del centro de Palma, así que en mi casa no se presentó jamás mozo alguno al que agasajar con moscatel y buñuelos. Mi abuela intentaba resarcirme del disgusto preparando buñuelos de patata, que es como se hacen en Mallorca, bien cubiertos de azúcar y que yo me zampaba frente a la tele la noche del 20 de octubre.

Todos esos recuerdos aparecieron cuando Gastromanso me encargó unos buñuelos de viento y empecé a mirar recetas aquí y allá. Me sorprendió que todas incluyeran harina y no patata, así que preparé la mezcla con harina, levadura y huevo. Mezclar los ingredientes no fue fácil, de hecho hubo un momento en el que comencé a hiperventilar. Luego me di cuenta de que antes de incorporar los huevos a la masa (uno a uno, y no los cuatro a la vez como hice yo) había que dejar que se enfriara un poco.

La operación de modelaje del buñuelo fue un interesante ejercicio de arte contemporáneo: “Forme bolitas con dos cucharas”, apuntaba la receta. Yo lo intenté, pero el sorprendente resultado fue que en la sartén nadaron buñuelos con forma de estrella, de bacilo, de molécula, de gusanillo, de copo de nieve y de higo chumbo. Un universo entero que flotaba y giraba en el aceite caliente. Fascinada, iba sacando cada figurita y –sin dejar que se entibiase- la rebozaba en azúcar y la dejaba reposar en papel de cocina, donde sudaba la grasa sobrante.

Y durante todo el proceso, recordaba a mi abuela y cantaba:

Escuchad, niñas bellas,
por compasión
las amantes querellas
del corazón 

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