UNA EXTRATERRESTRE EN LA COCINA

Lasaña frustrada

lasaña-Garfield

Garfield ama la lasaña. Yo amo la lasaña. Y a Garfield. Garfield está de mi lado y del de todos los seres humanos imperfectos y erráticos que deambulamos por ahí. Nos ha tocado vivir en la era de la perfección: tenemos que hacer ejercicio para que nuestro cuerpo se moldee, tenemos que levantarnos a las siete y producir hasta caer agotados en la cama, tenemos que comer en su justa medida platos nutritivos e hipocalóricos. Existimos a golpe de exigencias, de las ajenas y de las autoimpuestas.

Pero Garfield ama la lasaña. No le importa si la ración esconde entre sus pliegues 500 calorías. Garfield se levanta tarde, odia el deporte, come sin descanso y se encanta: “Es difícil ser humilde cuando se es el mejor”. La bechamel que rezuma, el queso fundido, la carne picada jugosa y la pasta crujiente, he ahí su visión del edén.

Amo la lasaña y por eso intenté cocinarla anoche y por eso me siento tan desgraciada hoy. Fue un desastre. “Mamá –me dijo mi hijo de catorce años-, no te desanimes; al menos tiene el mérito de ser la peor lasaña que he comido en mi vida”. Mi marido acabó de hundirme: “Buena no está, pero es útil”. “¿Útil?”, pregunté. “Bueno, las placas de pasta te pueden servir para alicatar el cuarto de baño”.

Tengo un gato negro que se llama Machín, como el cantante de boleros. Machín duerme de día en la almohada de mi cama, se va de juerga por las noches y no se disculpa por ello. Le di la lasaña que sobró y no levantó la cabeza del cuenco hasta que se la zampó entera. Machín es un vitalista, vive el presente, sabe apreciar el esfuerzo que conlleva cada plato que mi jefe (Gastromanso, decidle algo) me obliga a ejecutar.

Compré los ingredientes exactos, seguí los pasos que indicaba la receta, encendí el horno a la temperatura correcta, engrasé el recipiente, ¿por qué no salió una lasaña esponjosa y bonita? ¿Por qué? La carne picada no tenía ese color pardo tan hermoso que se ve en las fotografías de Pinterest; tras freírla quedó grisácea. Las placas de pasta, en cuyo envase ponía claramente “No es necesario humedecer previamente”, emergieron del horno duras como baldosines. Faltaba salsa de tomate, sobraba bechamel. Los pisos de carne y pasta no formaban un todo coherente, sino que quedaron esmirriados, delgaditos, como si hubiera escatimado material. No tomé una fotografía del resultado porque estaba frustrada y rabiosa. Nadie cuenta nada de la frustración en la cocina. Solamente se habla de las satisfacciones que proporciona, de lo fáciles que son las recetas.

Bah, no todo es tan sencillo. Cocinar no es tan sencillo. La vida no es tan sencilla.

Quizá te interese ...

Con la ‘k’ de kimchi y de kombucha

SABINA PONS

Cocido Millennial

SABINA PONS

Receta de Navidad que nos sirve para el resto del año

SABINA PONS

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. Aceptar Leer más